Ejercicio físico y remodelación cardiaca en Atletas altamente entrenados

Realizar ejercicio de forma habitual ayuda a prevenir y tratar enfermedades crónicas como: enfermedad coronaria (CAD), hipertensión arterial (HTA), obesidad, diabetes, insuficiencia cardiaca y depresión.

Esto se debe a los beneficios cardiovasculares que se atribuyen al ejercicio (O´Kafee et al., 2012):

  • Reducción de la aterosclerosis
  • Reducción de la tensión arterial, mejora de la sensibilidad a la insulina y de los niveles de glucemia
  • Reducción de la masa grasa
  • Aumento de la lipoproteína de alta densidad (HDL), descenso de la lipoproteína de baja densidad (LDL) y del colesterol total.

 

En todo lo anterior, se apoyan varios estudios para concluir que la esperanza de vida en individuos activos aumenta en unos 7 años en comparación con los sedentarios. (1,2)

Por otro lado, el deporte intenso generará en mayor o menor medida cambios estructurales, funcionales y eléctricos en el corazón, que dependerán de la actividad física realizada (si prima más la fuerza o la resistencia) y de la edad, el sexo, la etnia, los factores genéticos y el tamaño del individuo.

Parece ser que los ejercicios de resistencia afectarán a un mayor remodelado cardíaco y los de fuerza estarán más en relación con engrosamiento de las paredes del ventrículo izquierdo (VI), teniendo mínimo impacto sobre el ventrículo derecho (VD).(3,4,5)

 

Pese a ser necesarios más estudios y muestras mayores, se cree que en determinadas circunstancias el ejercicio intenso podría:

  • Aumentar la rigidez arterial y promover la progresión de la aterosclerosis. (6,7)
  • Estar relacionado con daño miocárdico agudo y crónico, lo que podría predisponer en un pequeño grupo de atletas a arritmias auriculares y ventriculares.
  • La carga desproporcionada durante ejercicio podría ser la base de remodelación crónica del VD pro-arrítmica.(8)

 

Ejercicio físico y Variaciones en la Tensión Arterial

Como se indicó con anterioridad el ejercicio ha demostrado mejorar, los niveles de colesterol, la obesidad, la hipertensión arterial… además de fomentar hábitos de vida saludable.

Existen estudios (9) que demuestran mejoras en la presión arterial sistólica y diastólica (PAS/ PAD) de 4/4 mmHg en un grupo sano y de 10/6 en un grupo hipertenso, con ejercicio regular moderado. Sin embargo, en estudios más recientes se ha detectado que en deportistas participantes en ironman, maratones y ultramaratones 100 km, puede aparecer rigidez en las arterias que fomenta el progreso de ateroesclerosis, además de la aparición de arritmias que requieren tratamiento (10, 11).

 

Por ello en 2016 se finalizó un estudio que se publicó este año, donde tratan de esclarecer si existe relación entre deportistas de larga distancia, de mediana edad (de igual o más de 40 años) con el aumento de rigidez arterial y arritmias, pudiendo ser la hipertensión arterial (HTA) un indicador de riesgo (12).

 

Para comprender este estudio, debemos considerar que se evaluaron 571 maratonianos, donde se vió que un grupo eran hipertensos y otros no.

 

Los investigadores observan que la (hipertensión inducida por ejercicio) EIH (por medio del sistema nervioso el ejercicio provoca aumento, de la fuerza de bombeo, de la contracción y de la frecuencia cardiaca, con su consecuente aumento de presión arterial; además de vasodilatación local en la musculatura implicada en el ejercicio.) se produce tanto en el NBPG (normotensos) como en el HBPG (hipertensos) y está relacionada con la intensidad y duración del ejercicio; detectando que el grupo de los hipertensos, realizaban maratones más largos y de mayor intensidad, sin poder descartar, por la características del estudio, que los normotensos a la larga no fueran a desarrollar problemas de tensión. Ya que toda la carga de trabajo a la que son sometidos, con esa EIH que se produce, podría repercutir en un aumento de la PA en reposo.

 

Sin embargo, el estudio apunta a que existen indicios de que el exceso de ejercicio puede aumentar el riesgo cardiovascular:

  • por aumento de la rigidez arterial, por ese aumento de presión durante el ejercicio en dichos vasos
  • el aumento de la PA que mediante el aumento de la actividad simpática se produce durante el ejercicio de alta intensidad o ejercicio de resistencia.

Habría que tener en cuenta que los efectos del alcohol sobre el aumento de la TA, se potenciarán con el ejercicio intenso.

 

Por lo tanto es de suma importancia en maratonianos amateur de mediana edad:

  • Controles anuales
  • Suspender la ingesta de alcohol
  • La adecuada prescripción de ejercicio y periodización del mismo. (Una buena planificación)

 

Ejercicio físico y remodelación cardiaca en Atletas altamente entrenados

Mediante técnicas de imagen se ve como los deportistas profesionales tienen un agrandamiento del volumen de los ventrículos y aumento, del grosor de la pared ventricular, de la masa cardiaca y del tamaño de la aurícula izquierda, debido a como dijimos antes, aumentos en la presión arterial (TAS> 200 mmHg) y la frecuencia cardiaca (>190 lpm.)

El ejercicio de resistencia repercute sobre el tamaño del ventrículo derecho (VD), debido a que las demandas metabólicas, el trabajo y el estrés durante la práctica deportiva son mayores que sobre el ventrículo izquierdo (VI); además existe un aumento de la presión de la arteria pulmonar.

Ejercicio físico y remodelación cardiaca en Atletas altamente entrenados (2)

Consecuencias a largo plazo del entrenamiento de alta intensidad y larga duración de forma ininterrumpida

Estas adaptaciones cardiacas no siempre se traducen en un mal funcionamiento sistólico y diastólico.

Por ejemplo, solo un 20% de los atletas tendría un agrandamiento auricular izquierdo, parece benigno y menos de 1% estaría relacionado con fibrilación auricular (16).

 

Todo lo anterior se traduce en que mediante ecografía y otras pruebas invasivas, distintos investigadores (13) hayan llegado a la conclusión, en mayor o menor medida, de que tras el ejercicio intenso y de larga duración existe una alteración de biomarcadores (enzimas cardiacas) y una objetivable “fatiga cardiaca”, sin embargo no se ponen de acuerdo en si a la larga esto podría traer problemas.

Con el descanso estas enzimas vuelven a su normalidad y el ventrículo derecho se recupera, sin embargo algunos creen que estos episodios de ejercicio intenso prolongado, a la larga podrían desencadenar inflamación y fibrosis del miocardio, pudiendo desarrollar algún tipo de miocardiopatía.

Por otro lado, el corazón sano, debería ser capaz de enfrentarse a ejercicios intensos de corta duración sin ningún problema.

 

Respecto a las alteraciones electrográficas, lo más típico es encontrarnos bloqueo de rama derecha incompleto o completo, también algún latido ectópico ventricular (extras-ventriculares), en principio benignas y reversibles, sin embargo siempre habría que descartar antes patologia estructural de base.

 

Si bien es cierto que el corazón es un músculo que se adaptaría al ejercicio como cualquier otro, todos los estudios coinciden en que un porcentaje de los deportistas de resistencia acaban desarrollando algún tipo de arritmia de mayor o menor gravedad.

Pese a todo, ninguno es tajante en desaconsejar el deporte de alta intensidad y alta duración, pues serían necesarias más investigaciones para poder confirmar al 100% todo lo anterior.

 

Tiempo de entrenamiento recomendado para obtener beneficios cardiovasculares

Si tomamos en cuenta las publicaciones de O’Keefe (14,15) podemos tomar como referencia:

Ejercicio físico y remodelación cardiaca en Atletas altamente entrenados (1)

Relación ejercicio Vs Riesgo de muerte

-30-50 minutos de ejercicio vigoroso nos aportaría más beneficios que sesiones de entrenamiento más largas.

-30-45 minutos de ejercicio de alta intensidad bastarían para reducir significativamente enfermedades como: alzheimer, diabetes, osteoporosis, depresión, enfermedad arterio-coronaria.

-En pacientes con enfermedad arterio-coronaria, sesiones de 60 minutos empeoraron la rigidez vascular, mientras que solo 30 minutos de ejercicio (HIT) mejoran su elasticidad arterial y producen mínimo estrés oxidativo.

-Otro estudio con 14000 corredores, concluyó que tanto el sedentarismo como el ejercicio extremo eran perjudiciales, siendo el grupo de atletas que corrían entre 2-5 días a la semana unos 15-32 km a una velocidad menor de 13 km/hora, lo que mayores beneficios cardiovasculares obtenían.

 

Conclusiones: Cuidado con las generalizaciones

 

Se pone de manifiesto la existencia de riesgo de mortalidad aumentado tanto en personas sedentarias como en aquellas que realizan ejercicios extenuantes o extremos.

Los beneficios, intensidades y adaptaciones cardiacas dependen mucho del individuo, edad, sexo, peso, nivel de entrenamiento, tipo de alimentación… por lo que es muy difícil llegar a unas recomendaciones consensuadas que puedan ser extrapolables a todos los grupos.

La hipertensión inducida por el ejercicio podría desencadenar una hipertensión en reposo. Pudiendo ser la hipertensión un indicador médico de que existe algún otro problema cardiovascular detrás.

Los corredores mayores de 50 años tienen mayor prevalencia de enfermedad cardiaca subclínica.

Pese a que no he encontrado ningún artículo donde se prohiba el ejercicio de larga duración y alta intensidad (extremo) como los maratones de larga distancia o el triatlón, si es cierto que los estudios nos invitan a ser cautos y moderamos con nuestros esfuerzos. Coincidiendo en que el deporte tiene muchos aspectos beneficiosos para la salud y los resultados actuales no deberían alarmarnos ni hacer que dejemos de practicar nuestro deporte favorito, siempre y cuando tengamos la supervisión médica adecuada.

Las alteraciones eléctricas (bradicardias, bloqueos…) vistos en el corazón de los deportistas o aumento de cavidades, suelen desaparecer o reducirse con tiempos de descanso, no interviniendo por norma general en la función sistólica ni la fracción de eyección del corazón.

La realización de 30-50 minutos de ejercicio vigoroso ayudaría a prevenir enfermedades y nos aportaría grandes beneficios cardiovasculares.

Respecto a correr,lo ideal parece ser, entorno a 15-32 kilómetros repartidos en 2-5 días semanales y a una velocidad menor a 13 kilómetros por hora.

Bibliografía

  1. W. L. Haskell, I.-M. Lee, R. R. Pate et al., “Physical activity and public health: updated recommendation for adults from the American College of Sports Medicine and the American Heart Association,” Circulation, vol. 116, no. 9, pp. 1081–1093, 2007.
  2. E. F. Chakravarty, H. B. Hubert, V. B. Lingala, and J. F. Fries, “Reduced disability and mortality among aging runners: a 21-year longitudinal study,” Archives of Internal Medicine, vol. 168, no. 15, pp. 1638–1646, 2008.
  3. D′Andrea A, Galderisi M, Sciomer S, Nistri S, Agricola E, Ballo P, et al. Echocardiographic evaluation of the athlete′s heart: From morphological adaptations to myocardial function. G Ital Cardiol (Rome) 2009;10:533-44.
  4. Luijkx T, Cramer MJ, Prakken NH, Buckens CF, Mosterd A, Rienks R, et al. Sport category is an important determinant of cardiac adaptation: An MRI study. Br J Sports Med 2012;46:1119-24.
  5. Wernstedt P, Sjöstedt C, Ekman I, Du H, Thuomas KA, Areskog NH, et al. Adaptation of cardiac morphology and function to endurance and strength training. A comparative study using MR imaging and echocardiography in males and females. Scand J Med Sci Sports 2002;12:17-25.
  6. S. Möhlenkamp, N. Lehmann, F. Breuckmann et al., “Running: the risk of coronary events—prevalence and prognostic relevance of coronary atherosclerosis in marathon runners,” European Heart Journal, vol. 29, no. 15, pp. 1903–1910, 2008.
  7. C. Vlachopoulos, D. Kardara, A. Anastasakis et al., “Arterial stiffness and wave reflections in marathon runners,” American Journal of Hypertension, vol. 23, no. 9, pp. 974–979, 2010.
  8. D′Andrea A, Caso P, Sarubbi B, Limongelli G, Liccardo B, Cice G, et al. Right ventricular myocardial adaptation to different training protocols in top-level athletes. Echocardiography 2003;20:329-36.
  9. R. H. Fagard and C. M. Tipton, “Physical activity, fitness, and hypertension,” in Physical Activity, Fitness, and Health, C. Bouchard, R. J. Shephard, and T. Stephens, Eds., pp. 633–655, Human Kinetics, Champaign, Ill, USA, 1994.
  10. S. Möhlenkamp, N. Lehmann, F. Breuckmann et al., “Running: the risk of coronary events—prevalence and prognostic relevance of coronary atherosclerosis in marathon runners,” European Heart Journal, vol. 29, no. 15, pp. 1903–1910, 2008.
  11. L. Mont, R. Elosua, and J. Brugada, “Endurance sport practice as a risk factor for atrial fibrillation and atrial flutter,” Europace, vol. 11, no. 1, pp. 11–17, 2009.
  12. Young-Joo Kim, Yongbum Park, Duk-Ho Kang, and Chul-Hyun Kim, “Excessive Exercise Habits in Marathoners as Novel Indicators of Masked Hypertension,” BioMed Research International, vol. 2017, Article ID 1342842, 7 pages, 2017. doi:10.1155/2017/1342842
  13. D’Andrea A, Morello A, Iacono AM, Scarafile R, Cocchia R, Riegler L, Pezzullo E, Golia E, Bossone E, Calabro R, Russo MG. Right ventricular changes in highly trained athletes: Between physiology and pathophysiology. J Cardiovasc Echography 2015;25:97-102
  14. O’Keefe, J. H., & Lavie, C. J. (2013). Run for your life… at a comfortable speed and not too far. Heart, 99(8), 516-519.
  15. O’Keefe, J. H., Patil, H. R., Lavie, C. J., Magalski, A., Vogel, R. A., & McCullough, P. A. (2012, June). Potential adverse cardiovascular effects from excessive endurance exercise. Mayo Clinic Proceedings, 87(6), 587-595.
  16. Maron, B. J., & Pelliccia, A. (2006). The heart of trained athletes cardiac remodeling and the risks of sports, including sudden death. Circulation,114(15), 1633-1644.

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