Tipos de fibras musculares
tipos de fibras musculares

Tipos de fibras musculares

Tanto el cuerpo humano como animal se encuentra compuesto por diferentes fibras. Cada fibra cuenta con características y habilidades diferentes, las cuales pueden desarrollarse en nuestro cuerpo cuando aplicamos un entrenamiento adecuado. Los tipos de fibras musculares se conocen como células y trabajan a diferentes velocidades.

Hoy hablaremos un poco más acerca de estas células, el mejor tratamiento para renovarlas y una definición más clara de su importancia en el cuerpo.

¿Qué son las fibras musculares?

Como se comentó anteriormente, una fibra muscular es un tejido que pertenece al músculo. Todos los músculos se encuentran formados por uniones, entre los que destacan las células de este tipo que tienen la función de hacer movimientos.

Existen 3 tipos de fibras musculares, mejor conocidas como: lentas, intermedias y rápidas. Sin embargo, en algunos casos suelen encontrarse expresadas como tipo I, tipo IIA y el tipo IIB.

De acuerdo con la necesidad de cada músculo, puede haber más o una menor presencia de fibras musculares. Por ejemplo, en el caso de los músculos posturales, estos tienen una presencia mayor de fibras que se contraen con menor rapidez, mientras que los músculos de velocidad y fuerza requieren fibras con contracción rápida.

Los factores que ayudan a determinar la cantidad de fibra son muy diversos, pero la genética es uno de los principales. Aunque, es esencial que la capacidad de entrenamiento no se deje de lado, debido a que también es un factor determinante.

Ninguna fibra puede tomar el protagonismo de otra, solamente pueden adaptarse a través de un entrenamiento concreto y preciso.

Vinculación de las fibras musculares y el deporte

El deporte y musculatura tienen una estrecha relación, pero ambos cuentan con composiciones diferentes que deben analizarse, una fibra muscular puede variar su tamaño y composición de acuerdo a diferentes factores decisivos, aprender a cómo pueden moldearse correctamente puede ayudar a tener mejor rendimiento deportivo.

En el caso de las fibras musculares con contracción lenta, estas poseen una resistencia aeróbica mucho mejor. Tienen la energía necesaria para lograr contraerse y relajarse durante la oxidación, es por ello que se utilizan frecuentemente en las especialidades deportivas.

No obstante, las fibras intermedias no se quedan de lado, ya que pueden tener inclinaciones hacia fibras más rápidas o lentas, de acuerdo al sistema de entrenamiento a que se somete el entrenador.

Por otra parte, las fibras musculares de contracción rápida tienen poca resistencia aeróbica, teniendo que utilizar vías de obtención de energía sin recurrir al oxígeno, pero el beneficio de este tipo es que tienen más fuerza que las de contracción lenta, pero el umbral de fatiga es mucho menor.

El uso de las fibras musculares y su composición debe pensarse de acuerdo al entrenamiento que realizan los deportistas, considerando que algunas fibras serán más lentas que otras, pero que pueden tener una resistencia más prolongada, pudiendo ser ventajosas para una u otra actividad explosiva.

Tipos de fibras musculares y sus características

Las fibras musculares se encuentran divididas en tres tipos, cada una cuenta con sus propias características, las cuales se llevan de la siguiente manera:

Fibras rápidas (tipo IIB)

Son el tipo de fibras que a diferencia de las lentas tienen mayor diámetro de miofibrillas, cuentan con una estructura contráctil en el interior del citoplasma del tejido muscular, son el tipo de fibra muscular que tiene como característica principal tener mayor fuerza, propiedad de contracción y elasticidad.

Fibras intermedias (Tipo IIA)

También denominadas de esta forma por el tipo de tamaño que tienen, son un tipo de fibra muscular que tiene rasgos que se diferencian de las fibras rápidas y lentas.

Cuentan con una tonalidad rosácea que proviene de mioglobina y la mitocondria. Su característica principal se da porque tienen una rápida habilidad para contraerse, y porque posee resistencia moderada a la fatiga.

Fibras de contracción lenta (Tipo I)

Se trata de fibras que son más lentas, y se denominan de esta forma porque la velocidad con la que se contraen es mucho menor a las rápidas o intermedias.

Tienen un diámetro menor, así como menores niveles de fuerza. No obstante, se destacan por ser un tipo de fibra muscular con gran resistencia a la fatiga, lo que la hace ideal para ejercicios de largas horas o maratones, ciclismo y carreras en montaña.

Frío o calor, ¿Qué es mejor para tratar una lesión?

Cuando existe una lesión reciente, lo más recomendable es aplicar frío. Los vasos sanguíneos comienzan a cerrarse y se tiene un efecto antiinflamatorio con este tipo de terapia, ya que al descender a la temperatura local se obtienen beneficios.

Durante las primeras 48 a 72 horas posteriores a la lesión, es crucial que se aplique frío para que se revierta el efecto de dolor e inflamación correctamente.

Beneficios del frío como terapia

  • Favorece al efecto circulatorio y disminuye hemorragias.
  • Tiene efecto analgésico.
  • Seda la zona.
  • Alivia el dolor y los espasmos musculares.
  • Es antiinflamatorio.

Cuando si utilizar calor

En los casos donde el dolor se mantiene durante varios días, aplicar calor puede ser la solución más efectiva. Cuando los vasos sanguíneos se dilatan, se produce una mejora entre la circulación y el aumento de sangre en la zona afectada, ayudando a que logre recibir los nutrientes que se transportan hasta la sangre con más facilidad.

Los ligamentos y tendones pueden contraerse luego de sesiones de ejercicio prolongadas, motivo por lo que cuando aplicamos calor mejoramos la flexibilidad, y también ayudamos a que los espasmos musculares sean menores.

El tratamiento de calor es efectivo siempre y cuando el dolor tiene una prolongación de 48 horas o más”, pero se encuentra contraindicado en los casos donde existen heridas que tienen sangrado o un derrame articular.

Beneficios del calor para tratar fibras musculares

  • Mejoran el flujo sanguíneo, ayudando a que los nutrientes lleguen hasta los tejidos afectados.
  • Se acelera el proceso de cicatrización.
  • La sensación de dolor disminuye.
  • Aumenta la plasticidad y elasticidad, ayudando a que el músculo se contraiga y se disminuya la rigidez articular.

Es conveniente que siempre se tenga en cuenta que el calor no es un tratamiento certificado, sino que es más una ayuda momentánea. Cuando un tejido se calienta para prepararlo para un tratamiento, pero no lo realizamos, continuaremos con el mismo problema.

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